La alfarería de Agost se remonta a siglos atrás y ha sido desde siempre un pilar económico y cultural de la localidad. La arcilla extraída del terreno local, de color claro y porosa, es el corazón de este oficio, que permite elaborar piezas que hoy siguen fascinando por su belleza, utilidad y sostenibilidad.
El botijo: el símbolo de una tradición
Una de las piezas más emblemáticas es el botijo, recipiente tradicional diseñado para mantener el agua fresca mediante un proceso natural de evaporación. A través de la porosidad de la arcilla, el botijo “suda” y refresca el agua sin necesidad de energía eléctrica, lo que lo convierte en un objeto ecológico con sentido práctico en los ambientes cálidos del interior de Alicante.
Cada gesto transmite la paciencia, experiencia y sensibilidad necesarias para dar forma a cada pieza, una destreza que se aprende desde la infancia y que se transmite de padres a hijos.
Un pueblo que ha sabido conservar una parte esencial de su identidad, manteniendo vivo un oficio milenario en el corazón de la Comunidad Valenciana.
Es posible visitar las alfarerías presentes en el pueblo y realizar talleres para moldear el barro y realizar tu propia creación cómo recuerdo del pueblo y de tu viaje.
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